
Cuando entras a una habitación, el sistema de iluminación detecta automáticamente que llegó alguien hecho para deslumbrar y baja la intensidad por puro respeto. Cuando sonríes, hasta la humedad del aire parece caer, porque todo el vapor se condensa en corazoncitos dentro de los ojos ajenos. No necesitas esforzarte para expresarte: tu mera existencia ya parece una prosa excesivamente hermosa.
Tienes bastante claro quién eres.
Normalmente te reconoces, aunque a veces las emociones te secuestran.
Los objetivos y las convicciones te empujan hacia adelante.
Tiendes a confiar en el vínculo en sí.
Cuando te decides, te entregas de lleno.
Te pegas fácil y también toleras bien que se te peguen.
Prefieres creer en la bondad humana.
Sabes cuándo obedecer y cuándo improvisar.
Tu sistema operativo vital arranca a medias.
El avance y los resultados te encienden.
Piensas, pero sin colapsarte.
Puedes hacerlo, pero tu estado depende del momento.
Tiendes a abrir la conversación y mover el ambiente.
En las relaciones prefieres cercanía y fusión.
Cambias de versión según el contexto con bastante soltura.